Los niños que pasan
demasiado tiempo jugando a los videojuegos pueden atender menos en la escuela;
padecer sedentarismo, obesidad y violencia, y ver afectados el desarrollo de su
personalidad y las relaciones sociales, explica el doctor Jordi Pou, miembro del
Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones Infantiles de la Asociación
Española de Pediatría (AEP), quien recomienda que se limite a dos horas diarias
el uso de los videojuegos en niños y jóvenes.
MADRID, 21 (EUROPA
PRESS)
Los niños que pasan
demasiado tiempo jugando a los videojuegos pueden atender menos en la escuela;
padecer sedentarismo, obesidad y violencia, y ver afectados el desarrollo de su
personalidad y las relaciones sociales, explica el doctor Jordi Pou, miembro
del Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones Infantiles de la Asociación
Española de Pediatría (AEP), quien recomienda que se limite a dos horas diarias
el uso de los videojuegos en niños y jóvenes.
En general, los
pediatras subraya la necesidad de que la lista de regalos navideños incluya
juguetes tradicionales, que permitan al niño fomentar la imaginación y las
relaciones sociales, puesto que la mayoría requieren la participación de dos o
más jugadores. "El objetivo no es desterrar los juegos modernos, sino
enseñar a los niños a jugar sin la necesidad de depender de una pantalla para
divertirse", precisa Pou.
Al contrario que los
juegos modernos, los pasatiempos tradicionales como jugar a la pelota o saltar
a la cuerda ayudan a combatir el sedentarismo y la obesidad y facilitan el
contacto del menor con la naturaleza. "La adicción de los niños a las
videoconsolas provoca que en muchos casos apenas tengan contacto con el
exterior, se aíslen y no fomenten las relaciones con otras personas de su
entorno", comenta este experto.
Por último, este
experto recuerda que todos los juegos deben contar con la identificación de
homologación de la Comunidad Europea, que garantiza que, por ejemplo, los
tejidos no sean inflamables y las pinturas no contengan elementos tóxicos.
"Debemos evitar
los juguetes que estén fabricados en países fuera de Europa porque carecen de
rigurosos controles de seguridad y pueden causar muchos problemas", opina
Pou, quien también aconseja guardar los embalajes ante posibles irregularidades
y supervisar los juguetes de vez en cuando para comprobar que no hay astillas
ni piezas sueltas u oxidadas.
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